miércoles, 2 de junio de 2010

Una Lilith cada mil Evas

Una gran parte de las criaturas del sexo masculino se sienten hijos directos de Dios y en el mejor de los casos dicen ser parientes lejanos de Judas. Nunca se enamoraron. Viven con la alegría de no haber salido heridos y con la tristeza de no haber vivido alegría de tal índole como es el amor.
Orgullosos caminan por las calles de Malos Aires invictos de toda guerra. Batallas que sabiamente nunca pelearon en su territorio sino en las costas de otro corazón. Todos ellos emperadores. Todas ellas simples conquistas.
Malcriados cual Adanes en el Edén miran a toda mujer como a Evas . Las cuales nunca pudieron romper el corazón de los hijos de Dios sino a lo sumo les quitaron alguna costilla.
Hasta que un día se embarran los labios. No lo pueden creer. Por primera vez una mujer les hace sentir que ella también esta hecha de barro. Los trata de igual a igual. Los hace sentir vulnerables. Orgullosos como ellos solos, sienten que han pecado contra su naturaleza de macho. Se han enamorado. Obvio que no de cualquier Eva. Para ellos, ella era distinta.
Cual Lilith en el Edén, es rebelde ante la actitud dominante del hombre en cuestión. Esta mujer los vuelve locos. Les encanta. Les fascina. Les da miedo. Rezan a Dios todo poderoso que la destierre de su corazón. Tarde! Adan mordió la manzana y fue expulsado del paraíso de los corazones vírgenes de dolor. Lilith no los obligó. Al hijo de Dios le duele ver que una simple Eva los tentó.

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