miércoles, 7 de julio de 2010

Unos pesos más para ella y unos menos sobre la espalda de él

Él no era ese tipo de hombre. Y hoy maldice el día en que se volvió habitué de cuatro ajenas paredes y uno más de esos que pasan por esa dama con reputación de cara bien ganada...

Una tarde, en la ciudad pequeña Buenos Aires, un hombre casado, con hijos, que no escapa a los estereotipos de los jefes de familia perfecta de las películas foráneas, es víctima de los consejos anti-estres de sus colegas laborales más cercanos. Se niega rotundamente. Él para eso "tenia a su esposa", pero no puede negar que su vida ya no tenia la misma pasión que antes. Con el eco de las voces de sus amigos en la cabeza taladrandole las neuronas decide concretar un encuentro, resguardando su reputación de hombre perfecto debajo de mentiras. Su orgullo no le permitiría darle la razón a sus súbditos del trabajo.
No le gustaba la idea de darle dinero a cambio de sus servicios y por ende en su primer encuentro fue de la mano de la desconfianza, él no dejó que ella lo desnudara completamente, él se cubría en mentiras y siendo toda una experta, ella lo notó. Con el tiempo, rompiendo con las expectativas del hombre en cuestión, la dama logró hacerlo sentir vulnerable. En cada cesión ella conseguía sacarle una prenda más de su ropaje de invierno excesivo de engaños y él, cuando se acordó, ya le había contado cada detalle de su vida que para él, a ésta mujer poco le importaba. Era todo por plata.
Pero no podía dejar de sentir que el hecho de salir con menos peso sobre su espalda le daba una felicidad inexplicable que se contrastaba con el miedo que le producía el hecho de llegar a necesitar a esta mujer en su vida. No sólo necesitarla, pagarle, sino amarla.
Se había enamorado de su psicóloga.

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